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CASTELLAR DE SANTIAGO Y CAMPO DE MONTIEL, HISTORIA Y FOLCLORE, de Agustín Clemente Pliego.
De José Manuel Gallardo Parga
En este magnífico libro (magnífico por su tamaño, magnífico por su contenido), Don Agustín Clemente Pliego nos invita a acercarnos a la realidad actualmente más olvidada de uno de los rincones de nuestra España, de un pueblo de Castilla (Castellar de Santiago) que aparece así ante nosotros como una absoluta novedad. Porque en el siglo XXI, donde la tecnología y la tendencia a pasar rápida y poco profundamente por las cosas lo domina todo, un estudio concienzudo y serio –pero emotivo- de un pequeño pueblo de España podría pasar desapercibido, y por ello olvidar que el presente debe mucho o todo a lo que ha sucedido en el pasado y también a la memoria de lo que ha sucedido. La realidad olvidada de la que hablo es la cotidianeidad de los pequeños lugares que guardan, en forma de folclore, de tradiciones, de canciones, la memoria de lo que son y, por tanto, el germen de lo que serán en un futuro.
Pero vayamos por partes, Castellar de Santiago y Campo de Montiel (historia y folclore), es un estudio serio y emotivo de un lugar concreto de nuestra España, para ello, y tras un prólogo del Dr. José Manuel Pedrosa de la Universidad de Alcalá donde nos avisa ya de que las tradiciones que recoge este libro son parte de un compendio europeo generalizado de tradición oral y de forma de entender el mundo, don Agustín Clemente se ha documentado profundamente en archivos (Archivo General de Simancas, Archivo Histórico Nacional, Archivo Municipal de Castellar de Santiago…) en numerosos periódicos (sobre todo en la parte que se refiere a la historia del siglo XX) y en más de cien obras de toda índole (diccionarios, censos, estudios, artículos…). Toda esta documentación dota a las dos primeras partes de este libro de un espíritu serio imprescindible a la hora de analizar un hecho histórico concreto.
En la primera parte de este estudio, de una forma clara y precisa, se nos expone la situación geográfica, orográfica, climatológica, hidrológica, de la flora, fauna, de la posición espacial del pueblo, así como una exposición de la situación socio-económica de Castellar de Santiago. Destacan en este apartado las páginas donde se hace referencia a la actividad de la caza y donde podemos leer de forma precisa los métodos y las habilidades de los lugareños para cobrarse sus piezas, aquí ya nos muestra el autor su gusto por recopilar la tradición y por darnos a conocer el vocabulario empleado en el lugar para estar actividades: los términos del reclamo (cañón, riña, aguileo, titeo…), las posibilidades de nombrar un objeto (tángano, tanganillo, tanto, tantillo, pulpitillo…). Su gusto por recopilar tradiciones, por lo que denominamos etnocultura, nos sorprende ya en esta parte del libro, donde podemos encontrar las primeras fotografías “de época” recogidas por el autor y que serán en adelante una constante en el libro y una clara, emotiva y fascinante forma (por lo visual, por lo directo del documento) de acercarnos a la realidad castellarense del pasado y del presente: encontramos aquí ya fotos de escolares del año 1905, de labores del campo (incluida una foto del propio autor en faena). Documentos imprescindibles para observar, además de leer, la realidad descrita. Por otra parte, los datos aportados sobre las actividades económicas del lugar (agricultura, ganadería, alfarería) son precisos y exactos, y hacen entender al lector de forma clara la realidad social del entorno; aun así, el autor no hace un análisis meramente económico del lugar, nos explica también el sentir de los hombres de Castellar sobre los cambios que se producen en sus actividades económicas. En este sentido merece la pena detenerse en el apartado dedicado a la alfarería en el que, de forma precisa, pero emotiva, se nos presenta a los alfareros del pueblo, el origen de sus negocios, sus formas de trabajo, los nombres (de nuevo el gusto del autor por acercarnos los términos, las palabras que son tradición y que deben quedar recogidas antes de que se nos pierdan) y lo poco que queda de ellos (solamente un alfarero en activo).
La segunda parte, un estudio histórico de Castellar de Santiago, al que el autor modestamente llama “esbozo”. Consiste en un estudio serio y documentado de la historia del pueblo desde los primeros documentos que se conservan en el Paleolítico. Cabe destacar de este estudio bastantes características que lo hacen más que interesante:
a) la inclusión de algunos etnotextos como el que hace referencia al tesoro de los Aljibillos, donde podemos leer las palabras del pastor que encontró de niño dicho tesoro;
b) la referencia a la vida de los hidalgos en el siglo XVI y su comparación con el famoso personaje del clásico de nuestra literatura, El Lazarillo de Tormes, a través de la cual nos es más sencillo comprender la vida de esos pobres hidalgos de aldea;
c) las dudas sobre el gentilicio de los habitantes de Castellar de Santiago (¿castellarenses?, ¿castellareños?, ¿castelareños?) que nos recuerdan también (¿será porque todo sucede en La Mancha) a las dudas del autor (o traductor) de El Quijote con el nombre de su protagonista;
d) el detalle en la explicación de algunas calles, casas y moradores, lo específico de los lugares, los nombres y apellidos de los habitantes que, a través de la historia, han sido parte del pueblo, creemos ver aquí la importancia que da el autor a las personas, ya que serán las voces de estas personas que ya no están las que escuchemos a través del folclore, de las canciones, de la lírica recogida al final del libro;
e) los episodios de la Segunda República y de la Guerra Civil, conflictivos siempre por sangrientos, por cercanos, por ser todavía parte de heridas abiertas –sobre todo en pequeños lugares- son tratados con la mayor objetividad posible, basada esta en una profunda documentación (de toda índole: se han consultados periódicos como ABC o El Socialista, entre muchos otros) y en un planteamiento realista de los hechos que no olvida lo trágico “sigue la narración de los hechos […] con detalles verdaderamente espeluznantes” ni los hechos reales documentados “en toda la provincia de Ciudad Real fueron 2.263, de un total de 57.662 ejecuciones realizadas en toda España”.
Lo sorprendente de este estudio es que la novedad que nos acerca, el análisis sereno y emocionado del pueblo (su pueblo) que describe no nos viene únicamente de la observación de la realidad contemporánea del lugar, sino de un minucioso y documentado estudio de su carácter y costumbres –en definitiva, de su realidad- que abarca desde el estudio geográfico, orográfico o climatológico de Castellar de Santiago (nombre, por cierto, algo tardío, ya del año 1564), pasando por una visión realista y profunda de su población y de las ocupaciones a las que los habitantes de la zona han dedicado secularmente su tiempo y sus esfuerzos. No olvida el autor los primitivos orígenes de su pueblo que provienen de sus restos paleolíticos, pasando por las edades del Bronce, del Hierro hasta las épocas históricas –romana, árabe, medieval, renacentista…sin olvidar la dramática guerra civil española- hasta la actualidad más cercana en estos inicios del siglo XXI.
Las tradiciones populares recogidas en la tercera parte (San Antón, los quintos, el Cristo, la matanza…) constan de una descripción minuciosa, documentos fotográficos y textos líricos que acompañan a las fiestas que harán las delicias de cualquier amante de las tradiciones y el folclore.
Termina el libro que nos atañe con un amplio y documentado estudio donde recoge las tradiciones de Castellar –las que existieron, las que continúan e la actualidad- y un amplísimo y generoso corpus, seguramente el mayor tesoro que abarca este libro, de lírica popular, en el que se nos muestran, como pequeñas joyas con el brillo propio que deja en la tradición la creación lírica desde nanas a adivinanzas, canciones de corro, coplas y oraciones que han pasado de generación en generación entre las gentes de este pueblo de La Mancha y que son quizá extrapolables a cualquier población manchega, o española, o cualquier núcleo en el que la población haya habitado y por lo tanto haya sentido y vivido, sufrido y trabajado, se haya enamorado y haya jugado. Un corpus recogido entre los años 1981 y 1982, época en la que los informantes que contaron, que cantaron, que recitaron estos poemas, conservaban todavía la memoria que es memoria también de sus antepasados y que nos arrastra y tira de cada uno de ellos hasta el pasado, que es la fuente y el antecedente de lo que son –de lo que somos-.
Leemos – y al leer escuchamos, parece que oímos la voz que canta-
Con el corazón que tienes
y medio que te doy yo
juntas corazón y medio
y yo medio corazón
y nos estamos acercando a una realidad cada vez más olvidada de los pequeños pueblos –como Castellar- que hasta hace poco conservaban viva la memoria de sus antepasados a través de estas pequeñas canciones.
Las tradiciones populares recogidas en la tercera parte (San Antón, los quintos, el Cristo, la matanza…) constan de una descripción minuciosa, documentos fotográficos y textos líricos que acompañan a las fiestas que harán las delicias de cualquier amante de las tradiciones y el folclore.
La cuarta y última parte de este libro consta de 435 textos de lírica popular (precedidos también de un estudio preciso de sus antecedentes, historia, informantes, clasificación…) es sin duda, la parte esencial de este voluminoso estudio. Un trabajo impresionante de recopilación trascripción, clasificación, que nos acerca, como ya dijimos más arriba, a las costumbres más emotivas de nuestra cultura y tradición.
Esta es la virtud del libro de Agustín Clemente, transportarnos, desde el pasado más remoto de un lugar de la Mancha, hasta la realidad contemporánea a través de un estudio serio del lugar y de una lírica popular recogida concienzudamente; en definitiva, un estudio exhaustivo, sincero, preciso y bien construido de una realidad contemporánea concreta –pero también extrapolable a otros pueblos- a través del estudio de sus raíces y su cultura.
José Manuel Gallardo Parga es Licenciado en Filología Hispánica y poeta.