Castellar de Santiago
(Sitio NO oficial del pueblo)

Este lugar es tuyo y de todo aquel que desee participar con sus artículos, fotos, recopilaciones, enlaces, opiniones...
En este momento se encuentra en construcción. Si deseas aportar algo, ponte en contacto con el
Administrador

Giraldo de Merlo

Como no podía ser menos en la historia poco estudiada de nuestro nuestro pueblo, sucede lo mismo con el artista que nos ocupa y que es el creador de la imagen de nuestro Cristo. Casi todo en el es supuesto y atando lazos pues pocas cosas están fielmente documentadas.

Extracto de Giraldo de Merlo, precisiones documentales. Por Fernando Marías.

"Giraldo de Merlo debió de nacer hacia 1574, que correspondería con la fecha media indicada en algunas de sus declaraciones de edad.
El lugar en donde naciera sigue siendo una duda. Para A. Cean Bermúdez supone que era Genovés aunque por su apellido, pareciera portugués. Para Garcia Rey procedía de Flandes, basándose en su parentesco con el pintor Juan de Aesten, para el su cuñado, de documentada procedencia nórdica.
Existe también en los países bajos un topónimo que corresponde con la ciudad de
Mierlo (Mierlo, firmó Giraldo en 1603) cercana a Amberes, la patria de los Aesten.
No hay noticias sobre él hasta que aparece en Toledo en 1602. En compañía del pintor Pedro Sánchez Delgado para la realización de dos imágenes para la parroquia de San Bartolomé de Sansoles. Primera obra documentada y hoy perdida.
En Octubre de 1603,
Giraldo de Mierlo recibía 800 ducados en calidad de dote de su futura esposa Teodora de Silva, hija del presbítero de C. Real Don Antonio de Fonseca y Silva y de María de Avila. Y que habría de casarse con ella en el plazo de dos meses. Cosa que hizo.
Merlo ya aparece en 1603 como vecino de la ciudad de Toledo y plenamente integrado en la vida artística y económica de esta ciudad.
A partir de aquí realizó numerosas obras en Toledo, C. Real, Madrid, Avila, etc. Entre ellas el retablo de Bayona de Tajuña o Titulcia en compañía del hijo de El Greco, Jorge Manuel Theotocópuli con el que había trabajado en el taller de El Greco y le unía una gran amistad.
Pero obra mas importante, en si misma y por lo que mas tarde conllevaría, es el retablo del monasterio de San Pedro Mártir de los dominicos de Toledo con los que realizó numerosas obras y trabajaría para ellos muchos años
En 1614 con la terminación de de la sillería Toledana y el retablo de San Pedro Mártir de Toledo y muy avanzados los de Sigüenza y C. Real se encarga de los retablos colaterales de la Iglesia parroquial de Rascafria, y es en 1615 cuando contrata su obra mas conocida: el retablo del monasterio de Guadalupe.
En el retablo de Guadalupe, Merlo se ocupó, además de la talla de los dos sepulcros pétreos laterales , de la talla de diverso bultos y relieves: estatuas de los cuatro evangelistas, de cuatro Santas Mártires, de los cuatro padres de la iglesia y de San Pedro y San Pablo, además del grupo del Calvario del ático, un gran relieve de San Jerónimo penitente y los pequeños de banco con escenas de la pasión de Cristo (oración en el huerto, prendimiento, Cristo ante Pilatos,coronación de espinas, la caída con el encuentro con la Verónica y el Santo entierro) Las escenas de la Anunciación, Nacimiento, Epifanía, Resurrección, Pentecostés y Asunción.
En los tres últimos años de la vida del escultor fueron también de trabajo. En 1618, contrató con Monegro un retablo para doña María de Silva, para el monasterio toledano de Santa Ana; recibió este mismo año a una criadita en su casa, Mª Rodríguez de Cadalso de los Vidrios y fió, con Salinas, a un bordador. A finales de año contrató la obra, probablemente el retablo mayor, de la parroquia de Nombela que ya cobraba a cuenta el siguiente. Ya en 1619 fió, con Salinas, a Juan de Aesten y, con su «hermano», el platero; cobró también por una imagen del
Cristo de la Misericordia para Castellar de Santiago de la Mata (Ciudad Real)
No se sabe la fecha exacta de su muerte pero en abril de 1620 debería estar ya muy enfermo pues no pasó de la primera quincena de Mayo. El 14 de ese mes su viuda Teodora de Silva y Fonseca suplicaba se la eximiera de la curaduría de sus hijos ( Nicolás, de trece años, Margarita, de cuatro, José, de dos y Manuela de cinco meses). Justificándose en que su hija menor la obligaba a ocuparse solamente de ella. En septiembre, cambió de opinión y se hizo cargo de la curaduría de sus hijos. Llevó los negocios inacabados del marido desde su fallecimiento."