Castellar
de Santiago.org
Este
lugar es tuyo y de todo aquel que desee participar con sus
artículos, fotos, recopilaciones, enlaces, opiniones...
En este momento se encuentra en construcción. Si deseas aportar
algo, ponte en contacto con el
Administrador
![]()
EL CABRERO DE VEZ, EL SABORERO
Y EL HERMANO DEL PALO DUZ
(Estampas de antaño en tierras del Campo de Montiel)
A los nueve meses paare,
una espuerta de ratoones,
todos peloones
con orejas y orejoones.
(Canción infantil torreña)
Pues verás, así a pica coz. Cuando le doy al magín y espigo rebuscando en la alacena de los recuerdos, me veo nifo, siempre se me reviene a la memoria el tío “Lito”. Mismamente lo estoy viendo ahorica, con su ristra de lagartazos cazados en los Pizorros del Estrecho y voceando por las calles su lagarterío. Y no te vayas a creer que no vendía, que sí lo hacía…, y la carne era muy finisma, que la probé yo; además sabía a gloria, a hierbas serranas. Viejos tiempos, otras gentes, otras faltas. A la espalda llevaba colgando el largo guinche, de madera, con la punta de hierro, que le servía para hincar y sacar a los lagartos de sus cuevas.
También me acuerdo muchismo del Carmelo y su cuerno. Carmelo fue cabrero de vez, muy entendido en perdizos. En las claras de las madrugás, para avisar que empezaba el recoge del cabrerío, hacía sonar su cuerno, que se oía en todo el pueblo. Algunos gañanes decían que en los días de sereno y aire limpio lo escuchaban allá por la loma de los Carriles. Los vecinos que tenían una cabra o varias, al sentir aquel cuerno, (a mí me recordaba la bozaína), sacaban los animalejos del corral o de la cuadra y esperaban en las portás el paso del Carmelo, que ya asomaba con sus cabrejas. Al pasar por frente, con su natural querencia pa los suyos, las cabras tiraban pa el rebaño, y todos juntos trasponían calle arriba pa las Mecedoras, calle abajo pa los pastos de Torre la Higuera. Se me acude que al Carmelo le daban un patacón por animal que sacaba a pastar. Junto a él siempre andaba su perrillo, que era un demonio con las cabras… ¡S’atiraba a todo lo que se canteaba! Pero del “Lito” y del Carmelo quedan ya muy pocos recuerdos, hace ya muchos años…, antes de la guerra.
Quiero recordar al saborero, con su jamón, ya sólo hueso, atado con pleita y al hombro. Al hueso le quedaban algunas miguillas escondidas, decía mi abuelo que era lo más bueno del jamón. El jodío se pasaba las horas con su navaja picoteando en el hueso. Del saborero contaban que había quien le pagaba algunas perrillas por meter el hueso en el puchero para darle algo de substancia al aguachirre que estaba en el fuego.
De toa la vida de Dios yo siempre he sido un jodío galgo, ¡galgo pero galgo!, por eso cuando andaba yo de rabiche, la llegada del hermano del palo duz, para mí era una cosa que tenía su quisicosa de galguería, pues con su presencia y durante unos días, servían para matar mi gola. Lo que quiero decir es…, que el hermano me ayudaba con sus palo duz a sacarme las tripas de mal año. Ya sabes, que galguerías, como los testones, flores, mantecaos, soletillas, se hacían de higos a peras y en fiestas señalás; y no todos tenían los posibles pa hacerlas.
El hermano del palo duz asomaba por el camino de Villamanrique, otras veces lo hacía por el antiguo de Andalucía o por el camino de los Yeseros, que pasa junto a las eras de Genaro, arrastrando por el ramal al borriquejo. Nunca supe quién de los dos era el más viejo. El animal llevaba dos serones: uno lleno de palo duz; el otro, creo recordar que vacío. Daba voces anunciando que había llegado el tío del palo duz, anuncio particularmente dirigido a la chiquillería que, al contao de oírlo, ya sabía lo que tenía que hacer, pues el hermano se llegaba al pueblo varias veces al año.
Venía de Chiclana, pues el palo duz, por aquellos entonces, se criaba mucho en aquella zona. El hermano lo cambiaba a los zagales por trapos viejos y alpargates aún más viejos. Según el liote de trapos, tantos palo duz.
La zagalería rebuscaba por todos los rincones de la casa el más pequeño andrajo esollao, que ya no servía pa na, que no era tanto, pues antaño se usaban hasta que quedaban solo las guedejas.
Pero dejó de venir porque empezaron a correr hablillas, no sin fundamento, como se supo después, que el hermano recogía el palo duz junto a las tapias del cementerio. Allí se criaba en cantidad y bien hermosote, y a la gente le dio por llamarle el palo duz de los muertos. ¿Y qué quieres? A los muchachos y mayores nos entró un repelus..., unos reveníos..., que ¡ea!, saber que el palo duz crecía y salía de donde descansaban los finaos nos ponía el pelo pincho y el cuerpo de mal asiento. Los rumores pudieron con el pobre hermano, pues, ya nadie quiso cambiarle el palo duz por los cachos de trapo, y dejó de venir. No recuerdo que volviera, aunque sí lo hicieron otros.
Después supe que aquello era verdad; es más, el santero del cementerio hacía su comercio. En un roal dentro del camposanto, el palo duz en su tiempo florecía de buen año. Así conseguía una pequeña ayuda al sueldo de camposantero, que era mísero.
¡Y lo bien que me lo pasaba yo, hasta que daba de mano con el palo duz!.., ¡chupeteando to el santo día!…, ¡¡que hasta las hambres se me quitaban!!
Carlos Villar Esparza