Castellar de Santiago
(Sitio NO oficial del pueblo)

Este lugar es tuyo y de todo aquel que desee participar con sus artículos, fotos, recopilaciones, enlaces, opiniones...
En este momento se encuentra en construcción. Si deseas aportar algo, ponte en contacto con el
Administrador

ERUDITOS E INSTITUCIONES: EL INICIO DE LOS ESTUDIOS IBÉRICOS EN CIUDAD REAL

Rosario GARCÍA HUERTA
Universidad de Castilla-La Mancha

 

 

 

El origen y desarrollo de la investigación arqueológica suele estar directamente relacionado con un cierto grado de voluntad personal, de modo que allí donde ha existido un personaje empeñado en el estudio del pasado a través de los restos arqueológicos, también suelen encontrarse un buen número de yacimientos y publicaciones relacionados con ellos. Y lo mismo ocurre allí donde ha habido instituciones (sociedades de amigos, museos, universidades, etc.) vinculadas con el estudio de ese pasado. La consecuencia de este proceso es que la nómina de los investigadores de finales del siglo pasado e inicios de este y la de los yacimientos donde trabajaron, coincide a la perfección con las únicas zonas donde este tipo de estudios ha tenido un desarrollo lógico.

 

Detalle de las excavaciones en Oreto en 1976 (Granátula de Calatrava, C. Real).

 

No fue esta, sin embargo, la tónica imperante en Ciudad Real, donde la investigación arqueológica permaneció al margen de las corrientes que iban teniendo lugar en el resto del país, de tal manera que la investigación sobre la cultura ibérica, en la primera mitad de este siglo, apenas cuenta con alguna referencia aislada y puntual en la historiografía de estos estudios.

Esta amplia zona de la submeseta sur no ha contado, hasta época muy reciente y a diferencia de otras regiones peninsulares, con hallazgos arqueológicos espectaculares de manera que no ha suscitado ninguna curiosidad entre los investigadores, más interesados en el desarrollo de la región levantina y meridional, y sus hinterlands inmediatos, por sus contactos con las altas culturas del Mediterráneo. Así, el inusitado interés por la cultura ibérica que despiertan hallazgos como la Dama de Elche o el Cerro de los Santos espolearon a un grupo de investigadores desde finales del siglo pasado y primer cuarto de este siglo que eran capaces de apreciar la entidad de esos restos materiales como testimonio de una cultura realmente notable. Personalidades como Sánchez Jiménez en Albacete, Mergelina en Murcia, etc., impulsaron el conocimiento de la cultura ibérica a través de sus trabajos con el consiguiente desarrollo de la investigación arqueológica.

Para poder entender la aparente falta de interés por el mundo ibérico en esta provincia hay que recordar que en Ciudad Real el inicio de la arqueología es realmente muy tardío. Tanto, que a la hora de hacer una síntesis de todos los trabajos llevados a cabo en esta disciplina a lo largo de todo el siglo sólo hemos podido establecer dos etapas bien definidas. Una primera, que llega nada menos que hasta 1975 y que podemos denominar precientífica, y una segunda, a partir de 1975, fecha en la que se inician los trabajos arqueológicos en Oreto (Nieto et alii, 1980) y que marca el comienzo de las excavaciones sistemáticas en los grandes yacimientos ibéricos de la provincia.

En la primera etapa, sólo es posible hablar de hallazgos casuales, bien como consecuencia de las remociones propias de los trabajos agrícolas y que pasan a manos de particulares, que en la mayoría de los casos ni siquiera tenemos noticia de ellos, ya que tampoco se trata de coleccionistas. No hubo, lamentablemente, ninguna figura de relieve asimilable a la del coleccionista - erudito local que mostrase interés por atesorar las piezas que sin ningún genero de dudas debieron exhumar arados y otras herramientas.

Los hallazgos ibéricos de esa etapa se conocen mal ya que son muy escasas las publicaciones que contienen alguna noticia al respecto. En este sentido, cabe destacar La Guía de Ciudad Real, publicada por Clemente y López del Campo (1869:9) en el que identifica el sitio de Alarcos con la antigua Laccuris, citada por el historiador Ptolomeo como ciudad oretana. A finales del siglo pasado D. Antonio Blázquez, miembro de la Real Academia de la Historia, en su Historia de Ciudad Real (1898) cuestiona que el yacimiento localizado en Alarcos se pueda identificar con Laccuris y sugiere la existencia de otra ciudad Alarcuris que, esta sí, podría corresponderse con Alarcos. En otros trabajos de este y otros autores aparecen noticias sobre hallazgos en el yacimiento de Alarcos, pero son romanos o medievales (Blázquez, 1916 , Fita, 1917).

En 1945, Alvarez Ossorio publica un trabajo sobre un tesoro ibérico de plata procedente de Torre de Juan Abad, integrado por un cuenco, cuatro torques, un brazalete, una fíbula con figuras zoomorfas y 480 denarios que fechaban el conjunto en los inicios del s.III hasta el s. I a. C. sin que se pueda adscribir todavía a ninguno de los yacimientos ibéricos conocidos en la actualidad en esa localidad.

 

Vista aérea de Alarcos, Ciudad Real. Foto: Antonio de Juan.

 

La creación del Instituto de Estudios Manchegos en 1947 supone el inicio de la publicación de los Cuadernos de Estudios Manchegos dedicados a temas culturales de carácter local, y entre cuyos números van apareciendo distintos artículos dedicados a la arqueología (10 en total entre los números publicados hasta 1975), con escasas las referencias a yacimientos ibéricos o a la cultura ibérica a pesar del trabajo de Gil Farrés ( 1952) y del descubrimiento de restos de una serie de esculturas ibéricas en el cerro de Alarcos. Gil Farrés presentó en II Congreso de Arqueología Nacional celebrado en Madrid una comunicación sobre la cerámica de Alarcos, incluyendo varios fragmentos de ibérica y algunos medievales y llama la atención sobre el interés que tendría la realización de trabajos arqueológicos en el yacimiento dada la variedad de cerámicas que se aprecian en superficie. Habrá que esperar todavía casi tres décadas para que la sugerencia de este investigador fuese recogida y se iniciasen las excavaciones en dicho yacimiento.

Pero antes de llegar al inicio de las excavaciones, en un momento indeterminado entre los años sesenta y setenta, fueron hallados por el santero de la ermita de Nuestra Señora de Alarcos, emplazada sobre el mismo yacimiento, los magníficos restos de escultura ibérica que conocemos, entre los que se encontraba una esfinge, la pata de un herbívoro y los cuartos traseros de varios animales. Todos estos restos escultóricos fueron publicadas por vez primera por Prada Junquera (1977), sin que nunca se haya podido averiguar el lugar exacto del yacimiento en que se hallaron dichos restos. Lamentablemente no se ha vuelto a repetir ningún hallazgo de esas características desde entonces.

Entre los trabajos publicados por el Instituto de Estudios Manchegos hay varios de Antonio Aguirre (1947 y 1948), ingeniero de Obras publicas, sobre hallazgos arqueológicos en la provincia de Ciudad Real y en uno de ellos (Aguirre, 1947:70) dedica un apartado a la Cultura Ibérica y señala la existencia de dos santuarios ibéricos, uno en los Altos del Sotillo en Castellar de Santiago y otro en Despeñaperros, en el Collado de los Jardines. En ambos santuarios fueron hallados un gran número de exvotos de bronce, de los cuales dos de ellos son reproducidos y descritos por el autor del trabajo.

 

Vista aérea del Cerro de las Cabezas, Valdepeñas. © Casa Cultura de Valdepeñas.

 

En los años cincuenta se realizaron excavaciones en el yacimiento de la Bienvenida, autorizadas por el Ayuntamiento de Almodovar del Campo, por parte de un grupo de eruditos locales que sacaron a la luz los restos de un gran patio porticado de época romana, por lo que reclaman una investigación metódica para el yacimiento que creen romano (Sancho y García de la Santa 1960), ya que los niveles ibéricos pasan desapercibidos.

En 1960 se publica un artículo sobre el Cerro de Las Cabezas y su significación en la epopeya medieval castellana (Muñoz Fillol, 1960) que carece de interés científico pero en el que se menciona la existencia de dos recintos amurallados en el yacimiento y el hallazgo de restos de cenizas, huesos, escorias, etc., al realizar las obras de una nueva carretera que pasaba por la parte baja del yacimiento. Todos esos restos hacen pensar al autor del artículo en la existencia de un nivel prehistórico, al tiempo que indica la presencia de hoyos hechos por los buscadores de tesoros. Sin embargo, las excavaciones de este importante yacimiento no se iniciarán hasta 1984.

Por otra parte, y retomando lo que decíamos al inicio de estas líneas, la escasez de trabajos arqueológicos en esta provincia, tanto de campo como de gabinete y de la que ya se hacía eco Gil Farrés, también debe ponerse en relación con la ausencia de Instituciones interesadas en el tema, tales como Museos o Universidades, que hubiesen podido impulsar estas actividades fácilmente ya que se encuentran varios de los oppida ibéricos más importantes de la meseta meridional.

Esta tendencia se romperá definitivamente a mediados de los años setenta con el inicio de las excavaciones arqueológicas sistemáticas en el yacimiento de Oreto, en Granatula de Calatrava, por parte de un equipo de la Universidad Autónoma de Madrid dirigido por D. Gratiniano Nieto (1980), lo que nos permite establecer una clara línea divisoria con la etapa anterior y marcar un notable avance cualitativo en la investigación.

Este suceso debe relacionarse con la creación del Museo Provincial de Ciudad Real (se crea en 1976 en régimen de patronato y se inaugura oficialmente en 1982), cuya dirección será ocupada por un arqueólogo quién propiciará que se inicien las actividades arqueológicas en la provincia. A comienzos de los años ochenta la llegada a la dirección del Museo de D. Alfonso Caballero Klink, también arqueologo, supondrá un verdadero impulso al desarrollo de las actividades arqueológicas relacionadas con el mundo ibérico, ya que él mismo inicia las excavaciones en Alarcos, uno de los oppida ibéricos más importantes de esta época en la submeseta Sur (Caballero y Mena, 1987), yacimiento que a pesar del descubrimiento de las esculturas ibéricas, de sus imponentes murallas medievales y de su cercanía a Ciudad Real no había suscitado hasta este momento el menor interés de los investigadores. No hay que olvidar que en el Catálogo de Bibliografía Arqueológica de la provincia de Ciudad Real (Caballero et alli, 1983) sólo se recogen 39 yacimientos de la Edad del Hierro de los cuales sólo 7 se califican específicamente como ibéricos y otros 8 se plantean como posibles.

 

Esfinge procedente de Alarcos, Ciudad Real. © P. Escultura Ibérica.

 

En estos mismos años se inician también los trabajos arqueológicos en la Bienvenida (Caballero y Fernández Ochoa, 1981) y en el Cerro de las Cabezas (Vélez y Pérez Avilés,1987), que son en la actualidad, junto con Alarcos, los yacimientos ibéricos más importantes de la región. También hay que mencionar los trabajos arqueológicos desarrollados en el cerro de las Nieves (Fernández Martinez, 1988) o los efectuados en las motillas de los Palacios, Las Cañas o el Retamar, la ciudad islámica de Calatrava La Vieja y la necrópolis de Alhambra que aunque no se han centrado específicamente en los niveles ibéricos si han aportado datos de gran interés para el conocimiento del mundo ibérico.

En la década de los noventa se continúan los trabajos arqueológicos en los grandes yacimientos ibéricos y se inician otros como el del poblado de Peñarroya , en Argamasilla de Alba o el de Villanueva de la Fuente, posible Mentesa que permitirán obtener importantes datos sobre la iberización del territorio. Estos trabajos se han visto complementados por una importante labor de prospección que a comienzos de los años noventa fue impulsada por la Universidad de Castilla La Mancha y la Consejería de Cultura de la Comunidad con la elaboración de la Primera fase de la Carta Arqueológica de la provincia de Ciudad Real, lo que ha permitido la localización de un gran número de yacimientos ibéricos y la realización posterior de trabajos de investigación. En la Carta Arqueológica (García Huerta et alii, 1994) se recogen más de cincuenta yacimientos de esta época y en la actualidad se conocen más de un centenar.

Como puede verse los trabajos de campo sobre el mundo ibérico en esta zona son por tanto muy recientes, y habrá que esperar todavía algunos años para que los resultados de los trabajos de campo en curso puedan arrojar conclusiones y nos permitan elaborar síntesis globales sobre el proceso de iberización y su ulterior desarrollo. Además, en determinados aspectos como el mundo funerario, estamos ante un enorme vacío puesto que prácticamente todos los yacimientos en curso de excavación son poblados, sin que se hayan encontrado las necrópolis correspondientes.