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La Virgen de los Charcones
Agustín Clemente Pliego
El 1 de enero de 2010 va a hacer veinte años que a nuestro paisano, Ignacio Castellanos Frías, entonces un jovenzuelo de quince años, se le apareció la Virgen por primera vez en Los Charcones. Desde esa fecha tan emblemática y hasta el día de la Virgen del Carmen del mismo año tuvo más de dieciocho apariciones marianas. Aquello, como recordaréis, causó una gran expectación dentro y fuera del pueblo, con gran afluencia de asistentes y repercusión en los medios de comunicación de masas.

Algunos curiosos y devotas (1990)

Aniceta Quílez, Felicia, María Jiménez y Rafael Cano, asiduos visitantes de la fuente
de la Virgen, posan muy de mañana antes de rezar el rosario (2009)
Mucho se ha dicho, se ha comentado, se ha especulado, se ha criticado sobre ese fenómeno, que si se hubiese producido en la Edad Media seguro que las autoridades eclesiásticas y civiles hubiesen levantado en el lugar una ermita, y Castellar se hubiese convertido en un lugar de peregrinación mariano.
Pero no, pese a las diferencias que se pueden apreciar en las dos fotografías sobre las leves transformaciones que ha experimentado el lugar, la ermita sigue sin construir. Han pasado cuatro lustros y la fuente sigue siendo frecuentada por los devotos y, feligreses foráneos en autobuses, en menor medida que en los años del boom, siguen visitándonos para solicitar el auxilio de la Virgen.
Muchos castellareños pensaban que todo se olvidaría, pero la realidad es que la devoción continúa y las bondades de la Virgen siguen derramándose entre los que acuden a ella con fe. Por las mañanas o por la tarde del verano, con la fresca, se pueden ver en el sagrado lugar a devotos que experimentan un alivio espiritual y que reciben la ayuda de la Virgen. Así me lo confesó Rafael Cano Fernández, quien siempre que puede visita a “la Señora”. Su devoción mariana empezó cuando en 1990 leyó en la revista Pronto el reportaje sobre la Virgen de los Charcones. Desde entonces sintió una profunda admiración por ella y “mi mente siempre ha estado pendiente de este lugar”. Cuando está en Castellar todos los días acude a rezarle y goza de una inmensa paz al visitar el sagrado lugar, hasta tal punto que cuando llega recita esta coplilla suya donde proyecta sobre las fuerzas telúricas sus sentimientos de admiración mariana:
¡Estrellas, todas unidas,
bajad del cielo alumbrando
que la madre del Señor
aquí nos está esperando!

Rafael Cano Fernández, poeta de inspiración mariana (2009)
Desde su profunda fe y un sincero fervor religioso, han surgido otras poesías de mayor dimensión, como la que transcribo a continuación, donde también se pueden apreciar las proyecciones cósmicas del amor mariano.
Estrella del firmamento,
nacida en tierra de Egipto,
dinos tú, divina madre,
de qué forma conseguiste
ser madre de Jesucristo.
Ese divino milagro
que el cielo a ti te brindó
para llevar en tu vientre
a Jesús el Salvador.
Existen muchos milagros,
pero éste es especial:
que nos brindaste aquel Niño
sobre un humilde portal.
Sobre el sencillo portal
quiso el cielo ser testigo:
que allí tuvo que nacer
el más fiel y mejor amigo.
Y podemos meditarlo,
también podemos buscar,
que mejor que el buen Jesús
no lo vamos a encontrar.
Fuiste la madre más buena
y fuistes bien elegida
pa curar nuestro dolor
y también nuestras heridas.
Si fuistes madre de amor,
junto al sol y las estrellas,
con los ojos hemos visto
que eres pura, linda y bella.
Escúchanos, por favor,
madre del divino cielo,
eres el amor más grande
que existe en el mundo entero.
¡Cuántos luceros del alba
bajan contigo alumbrando...!,
pero cuando tú te marchas
todos se van apagando.
Admiro yo a esos luceros
porque son maravillosos
y al alumbrar a la Virgen
ellos se sienten dichosos.
Estrella del firmamento,
madre del divino amor,
hasta las aves que vuelan
te brindan el corazón.
¡Fuiste la reina y madre
de Jesús Sacramentado,
la más grande y especial
que el cielo nos ha brindado!
Dicho lo cual, es tiempo de tomar cartas en el asunto y ponerse a hacer cosas. Los devotos reclaman desde el principio la construcción de un pequeño oratorio, una ermita..., un espacio cerrado que pueda acoger la imagen de una virgen y así poder rezarle más íntimamente y poder refugiarse en el mal tiempo. Creo que los visitantes foráneos también necesitan ser acogidos como se merecen.
Además, ¿por qué Castellar, que vio antaño en extramuros dos ermitas, no puede tener la suya como la tienen Santa Cruz, Torrenueva o la Torre de Juan Abad?
Me parece que muchas veces los castellareños somos demasiado escépticos o críticos con lo que tenemos y no nos ponemos a valorarlo y a darle la importancia que se merece. Si este fenómeno hubiese ocurrido en otro pueblo o en otro país, seguro que a estas alturas sus habitantes podrían contemplar la arquitectura de una humilde construcción mariana.
¡A quien corresponda!