Castellar
de Santiago.org
Este
lugar es tuyo y de todo aquel que desee participar con sus
artículos, fotos, recopilaciones, enlaces, opiniones...
En este momento se encuentra en construcción. Si deseas aportar
algo, ponte en contacto con el Administrador
![]()
Ornamentos adicionales a la imagen del Cristo
Desde que la imagen de nuestro querido patrón, llegara aquel miércoles de ceniza de 1620 y que procesionara por primera vez aquel 14 de septiembre, ha llovido mucho desde entonces. A veces, estas lluvias eran tardías, pues llegaban como fruto de plegarias y rogativas a las sequías pertinaces que se cebaban durante lustros en las ásperas tierras de Castilla.
Pero
dejemos aparte las rogativas y la meteorología con sus penurias
pluviométricas. El tema que nos concierne trata de la imagen de
nuestro venerado patrón y la evolución en sus ornamentos a lo
largo de los años, 381, donde ha sufrido considerables cambios.
Es difícil hacer una buena labor de investigación, pues sólo
tenemos documentación fotográfica desde finales del siglo XIX,
pues en épocas anteriores, no hay documentación escrita y hemos
tenido que recurrir a información oral de los más mayores. Es,
precisamente, desde las postrimerías del XIX, donde la imagen,
ha sufrido más cambios, llegando esta moda novedosa
hasta nuestros días.
LOS ORIGENES
Desde
el primer cuarto de siglo XVII, es decir, desde 1620, hasta el
último tercio del siglo XIX, creemos que nuestro Cristo era
vestido de una forma muy sencilla pues la hermosura de su
esbeltez, talla de tamaño natural, a la sobriedad de la época,
tal y como la concibiera su autor, Giraldo de Merlo, por si sola,
gozaba de una estremecedora belleza. Creemos que sólo debió
llevar en sus rústicas andas unos hachones de cera y unas
docenas de claveles y flores del campo. La utilización del
sudario sobre la cruz, podría ser un ornamento que aparece y
desaparece con los años así como también el empleo de las
faldillas, al uso de los cristos románicos, que proliferaron
mucho en el siglo XVIII, también nuestra imagen se vistió de
esta guisa.
EL BARROQUISMO DE FINALES DEL XIX
Las
postrimerías del siglo XIX, marcan una época de extremado
recargamiento a la hora de vestir la imagen de
nuestro venerado patrón. Dicha etapa, que dura hasta el primer
tercio del siglo XX, está salpicada en distintas épocas de
diversos ornamentos que a veces llegó a procesionar con todos
ellos y en otras ocasiones, en momentos de más austeridad, se le
ponía un sencillo sudario cuando no llevaba absolutamente nada
(Existe una fotografía de 1880, donde no lleva ningún
ornamento)
Teniendo en cuenta las
fotos como soporte de datos, existe una, de 1910, que corrobora
este recargado barroquismo, pues se puede apreciar en ella que la
cruz está vestida con un sudario adornado con temas vegetales y
tras él, a modo de dosel, una tela de terciopelo rojo que va de
punta a punta de los brazos y recogido a la altura de los pies,
rematado en ¡os extremos superiores con dos grandes borlas de
terciopelo blanco bordadas con hilo de oro. Todo este conjunto
está aderezado con flores naturales y guirnaldas bordadas.
Remataba todo este conjunto de abalorios ornamentales, unas
«faldillas» de terciopelo rojo con varias tiras de flecos de
hilo de oro. De esta exuberante forma procesionó nuestra imagen
hasta casi la preguerra, pero hay que añadir que las andas eran
muy sencillas, pues eran de forma de balaustres semi geométricos
donde remataban en las esquirlas cuatro modestas tulipas a modo
de farolas. Las andas que adquirieron después y que son las
actuales, se compraron a mediados de los años veinte.
Conoció
también nuestra venerada imagen en estos lustros, años donde
salió con un sencillo sudario y una cinta que sujetaba la imagen
para las axilas hasta la cruz, ornamentado sólo en la peana de
la cruz con flores y claveles, símbolo éste último, ligado
profundamente a la imagen del Cristo.
Mediada
ya la década de los veinte, según nos cuenta Adrián Abarca,
cuando su tío Ramón era presidente de la Hermandad, se va
pidiendo grano por las eras, con el fin de sufragar gastos de las
andas y las ráfagas, muy novedosas, ya que nunca la imagen del
Cristo había tenido este ornamento e incluso las andas, que son
las actuales, le dan más realce, ya que son más grandes y las
puede llevar un número mayor de gente. Las primeras ráfagas
fueron destruidas en la contienda civil y tras ésta, Teodora
Cavadas adquiere otras idénticas a las anteriores, basándose en
una foto de los años treinta. Una de las nuevas aportaciones en
esta época son los fajines que suprimen las anteriores faldillas
y que van a prevalecer hasta bien entrados los ochenta,
coincidiendo con la última restauración de la imagen, siendo
Presidente Pedro Fuentes Cobos. La restauradora, Rocío Vallejo
en su gran trabajo, descubre que tras las densas capas de pintura
en el fajín, éste conserva la policromía original,
confeccionada a base de estucos en pan de oro. Para finalizar
esta época, podemos decir que las nuevas andas aportan también
en los cuatro costeros, que tienen forma de dragones alados,
sendos grupos de tulipas imitando farolas, habiendo sido ya
reemplazadas las de la preguerra por otras nuevas, a principios
de los noventa.
LA POSTGUERRA
La
guerra civil marcó decisivamente no sólo el destino de la vida
de un país y de sus pueblos sino también de sus hábitos y de
su quehacer religioso. En el año 1939, para septiembre, el Stmo.
Cristo está perfectamente restaurado a petición de Isabel
Saavedra que sufraga los gastos al igual que Teodora Cavadas lo
hace con las nuevas ráfagas, réplica de las anteriores. La cruz
también es nueva, que no será la última pues a primeros de los
setenta, Ángel Cobos Abarca hace una nueva donación, en éste
caso, elaborada en madera de caoba. Sobre el nuevo estado en que
queda la imagen, hay fotos de aquella época donde se puede
apreciar que bajo las axilas del Cristo lleva unos vendajes en
cinta roja, para tapar los ensamblajes de la cola de carpintero
con los brazos y el tronco. Posteriormente, en los años sesenta,
se adquieren otras ráfagas, más finas en la marquetería de la
madera y sin figuras de ángeles adoradores, que en los últimos
años, han ido alternando con las otras. Fue en 1957 a raíz de
la coronación de la imagen del Cristo, cuando Don Pedro
Echevarría Bravo, entonces obispo prior, le impone en la plaza,
ante todos los castellareños, unas potencias a modo de pequeñas
ráfagas, como símbolo de esta coronación, completando la
ornamentación definitiva en su cabeza con la corona de espinas
bañada en oro que ha tenido desde sus inicios.
UNA CARROZA MUY EFÍMERA
Corrían
los años sesenta, siendo sacerdote D.José María Martínez
Jaime (q.e.p.d.) cuando tuvo la idea de fabricar una carroza
sobre cuatro ruedas con el fin de transportar la imagen el día
grande. Dicha carroza estaba revestida de faldoncillos de
terciopelo rojo, rematados con flecos de hilo de oro. Dicha
carroza, colocada ya en el novenario aireó cierta polvareda de
polémica entre los fieles, cuestionándose éstos, si para el
día 14 el cura estaría empeñado en sacar al Cristo en
semejante artilugio. Pues llegó su día grande y tras la misa
mayor D. José María advirtió que la imagen saldría en carroza
lo quisieran algunos o no La polémica se habla desatado;
partidarios y detractores entre discusiones y forcejeos, lograron
sacar la carroza y la imagen los primeros y no exentos de
oposición, comenzó la procesión. El calor y la tensión
caldeaban el ambiente y el recorrido se eternizaba por momentos.
Con el cura a la cabeza, los defensores sólo lograron alcanzar
la esquina de la calle Valverde y Santa Ana, donde la tensión
llegó a su punto más alto, pues los más reacios lograron sacar
al Cristo de aquel artilugio de la modernidad. Allí quedó
«arredrada» la efímera carroza, para que jamás saliera salvo
para soporte en los novenarios. El Santo Cristo, ya en vilo
emprendió su marcha procesional, aderezada con sus vivas y su
pólvora, con su peculiar orden, pues los castellareños decimos
que vamos en la procesión en una sola fila, la de la anchura de
la calle. En suma, aquel invento sobre ruedas, fue tan fugaz como
infructuoso, que no convenció prácticamente a nadie.
CONCLUSIÓN FINAL
A lo
largo de nuestra prolongada historia patronal de casi cuatro
siglos, los castellareños nos hemos empeñado en sobrecargar de
ornamentos y «postizos» a nuestra venerada imagen, a sumarle
aditivos, tapando la hermosura y la esbeltez de tan magnifica
talla con sudarios, fajines, doseles, faldilla, ráfagas y un
largo etcétera de complementos y abalorios que lo han cargado de
un postizo barroquismo. Desde aquí hago un pequeño llamamiento
a la Junta Directiva de la Hermandad y a todos los fieles
devotos, para que todos nos mentalicemos paulatinamente de que el
único atributo que posee nuestro venerado patrón es el de la
misericordia, que no es precisamente vestible ni decorable. La
imagen, por si sola, es soberbiamente hermosa si no, recuerden
ustedes cuando sale a los campos de este pueblo en rogativas de
agua, que no lleva ni un solo adorno como símbolo de la agonía
de los campos por la falta de agua, si no es elegantemente bello.
Desde esta modesta colaboración escrita, apelo al buen proceder
de todos para que podamos ver a nuestro venerado Santísimo
Cristo de la Misericordia con unas bellas andas abigarradas de
flores.
Elías Cobos Fuentes.