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PREGON DE LAS FIESTAS DEL CRISTO DEL AÑO 2001

...(Un canto desde la Fe, la tradición y la Poesía)

Wenceslao Fuentes Sánchez Gormáz Saavedra, castellareño de generaciones por los cuatro costados, se considera a sí mismo "castellareño-manchego-español de vocación, actuación y sin remedio". No necesita presentación para nosotros el Pregonero de las Fiestas del Santísimo Cristo del año 2001.

Nunca ha querido separarse de su pueblo, pese a los imperativos de distancia y residencia que sus estudios y posteriormente el desempeño de su profesión le han impuesto. Al contrario, afianzar su arraigo en Castellar, en sus campos, con sus gentes, tradiciones y costumbres, ha sido una de las constantes de su vida.

Unos trazos de su biografía: Su infancia transcurre en el ambiente agrícola de la Postguerra, aprendiendo las primeras letras en nuestras Escuelas de la calle de la Ermita. Bachillerato en Valdepeñas. Magisterio en Ciudad Real. Licenciatura en Farmacia por la Universidad de Granada. Profesor de Química y Biología. Inspector Regional de Farmacia de la Seguridad Social (Andalucía Oriental). Inspector Jefe de Prestaciones Farmacéuticas de la Junta de Andalucía en Granada. Periodista Licenciado en Ciencias de la Información por la Universidad Complutense.

Desde sus años de estudiante ha cultivado su afición literaria, colaborando en publicaciones de información general y especializada. Diversos Premios de Prosa y Verso. En 1998 publica su libro "Cuando los años sesenta. " (Viñetas de una Década), teniendo varios pendientes de salir a la luz.

Primer Pregonero de la Real Cofradía Decana de la Semana Santa de Granada. Vicepresidente de la Asociación Profesional de Inspectores Sanitarios de la Comunidad Autónoma Andaluza. Es presidente de la Casa Regional de Castilla-.La Mancha en Granada.
Está casado y tiene tres hijos.

" Es gloria y orgullo para los hijos de Castellar hablar del Santísimo Cristo de La Misericordia y de sus Fiestas Patronales", así comenzaban aquellos viejos programas, sencillos, con sus apenas cuatro páginas, los Programas de Festejos de mi infancia. Esta noche, cuando las fiestas patronales empiezan a encarrilarse, la gloria ha de quedar sólo para el Cristo, y el orgullo para quien tiene el honor de ejercer de Pregonero de los festejos en su homenaje, en este año primero del Tercer Milenio.

Un párrafo de gracias para el Sr. Alcalde y la digna Corporación que preside; para la Hermandad del Cristo, por haberse acordado de este hijo de Castellar, cuyo mayor mérito consiste en ser uno más entre vosotros y en tener como Patrono al Hijo de Dios Crucificado.

Andaba yo el otro día por el campo solo, intentaba poner en orden tantas ideas, recuerdos, experiencias, sentimientos y esperanzas, que se entrechocaban en mi cabeza, pugnando por salir al aire libre de esta noche en esta Plaza.

Sentado bajo la cernida sombra de un olivo -no importa el paraje-, de improviso se me acercó un hombre cuya cara no reconocí, aunque su figura podría resultarme familiar. Aparentaba unos sesenta años de edad ( sesenta años de hace muchos años ); la edad que frisaba nuestro señor Don Quijote.

Podría tratarse de un antiguo agricultor, un lejano gañán de las besanas. No, acaso sería un olvidado alfarero (por sus manos agrietadas por el barro ). Cabría también pensar que era un arriero (ya que su andar
portaba la elegancia del caminante, apretado dentro de su faja, airoso tras la recua). ¿Era un carbonero, con la cara y las manos recién lavadas en agua de zarco? .¿ O un bodeguero dotado del toque de sana locura
que confiere un vaso de buen vino? .También podría ser un extraño molinero de aceituna, que se afincara entre nosotros, procedente de las Serranías de Albarracín o de Cuenca. O un pastor trashumante, que desnortado habría perdido la Vereda. ..

No soy capaz de precisarlo. Sin embargo, lo cierto es que aquel hombre tenía trazas de ser un hombre de bien.

Sin darme tiempo para incorporarme, me saludó: "A las buenas tardes, paisano, se en lo que andas cavilando; no tienes por qué preocuparte, porque esa noche estaremos contigo, en esa Plaza tan maja que habéis montado, muchos y muchas que aunque no seamos visibles, jamás hemos abandonado el pueblo; y cada año volvemos también para el Cristo. El estará esa noche con nosotros, igualmente ".

No me dio tiempo para corresponder a tanta galanura y buena fe. El castellareño ausente (ausente desde siglos ha) desapareció de mi vista con la misma rapidez que había llegado. Me restregué los ojos y creí ver en la distancia algo así como un punto en movimiento que se escapaba por las agrias pedrizas de la Cabeza de Buey.

Se fue el paisano, pero, sin él saberlo, me dejó el Pregón hecho.

Pues el pueblo cuyos habitantes de toda la vida, me trajo a la memoria tan oportuno visitante, tiene como Patrón al Santísimo Cristo de la Misericordia.

Castellar Labrador

Su principal carácter. Un pueblo agricultor y campesino. La Agricultura es la razón de ser de Castellar: la viña, el olivar, el trigo. En nuestro pueblo, o se es agricultor, o se es un producto secundario

El origen y la vocación del campo, siempre el campo.

"Salir al campo mío,
respirar la esperanza del sembrado.
..."

como lo sintiera el poeta paisano valdepeñero Juan Alcaide, gloria de La Mancha. Salir a esta campiña bien labrada, desde las Dos Hermanas hasta la Sierra del Aguila; desde el Cambrón a la Loma de la Cruz, es contactar con la tierra madre, tanta veces regada lo mismo por el sudor de sus hijos que por la lluvia del cielo. La madre tierra, que todo nos lo ha dado y enseñado, desde el equilibrio de su naturaleza al recto sentido en el humano comportamiento del buen uso y la costumbre. Costumbres de buen labrador. Aquí sabemos tanto como el sabio Cicerón, el más grande orador de la literatura latina, quien no tuvo reparo en proclamar:
"La agricultura es la profesión propia del sabio, la más adecuada al sencillo y la ocupación más digna para todo hombre libre". Así hablaba Cicerón, cincuenta años antes del nacimiento de Cristo.

No podemos ni queremos olvidar aquellas durísimas y sin embargo alegres faenas del agosto. No se nos va de la memoria la yunta de mulas ni las tareas de la siega, el acarreo de las mies y la trilla en las eras...

Un mozo echador de haces, soñaba así por aquel tiempo:

¡ARRE MULILLA TORDA
campanillera ¡
que la flor de mis sueños
está en la era.

El sol se está poniendo.
ya cae la tarde,
mi morena en la trilla
de amores arde.

Los rayos que desprende
la mies dorada
ennegrecen sus ojos,
tuestan su cara.

¡ Arre mulilla torda ¡,
anda de prisa,
que esta noche en la reja
será mi dicha.

Suda mi " Preferida "
hilos de seda,
y en polvo del tajo
la huella queda.

Arrastra la galera,
que en la besana
me reclaman los aires
de una gañana.

¡ Arre mulilla torda,
firme en tu paso
despiertas la llanura,
¡qué buen trabajo ¡.

Castellar alfarero

Con tanta tradición, la actividad ollera, debido a la calidad de las arcillas, las margas de nuestro término, tal que la denominación de "Santiago" ha sido sustituida coloquialmente por la "de los pucheros". Castellar de los Pucheros. Así nos lo restregaban, con segunda intención, algunos "enterados" de pueblos comarcanos. ¡ A mucha honra ¡, por tratarse de una artesanía (yo diría que un arte) difícil, de un trabajo noble, de una fuente de ingresos y de fama para el pueblo. Si, Castellar de los Pucheros.

" Me llamaste pucherero
como si fuera vileza
y me pusiste un ramo
de los pies a la cabeza ".

La lástima es que ya sólo nos queda una alfarería.


Castellar arriero

Enclavado en los límites de los Reinos de Castilla y de Jaén, dándose un contraste entre sus producciones agrícolas y artesanales diferentes, no había más remedio que practicar el intercambio y la compraventa de bienes, a través del antiquísimo oficio de la trajinería .
Nosotros ofrecíamos, fundamentalmente, el vino, las ollas y los pucheros. De la Alta Andalucía se subía de todo ...
Para los desplazamientos se utilizaban los caminos vecinales hacia Santisteban del Puerto, hacia el otro Castellar, hacia las Navas, Chiclana, Montizón y Villacarrillo. Caminos y veredas, cuyos nombres ocuparían mucho lugar en las conversaciones de los viejos en esta misma plaza. Cruzando la Sierra, nuestros paisanos serían los arrieros del trato y la venta. Hacia abajo iban cargados, y cargados volvían al poco tiempo. Los hombres "salían de viaje". Le llamaban ir de viaje a tragarse leguas a pie tras las acémilas (burros, mulos romos, algún jaco ).
¡Menudo viaje¡, para hacer turismo fácil nos resulta rescatar mil leyendas de lobos, de saltaveredas y de arrebatacapas, mas quedémonos con la canción: liviana (porque el burro delantero que hacía de guía se llamaba "liviano"), serrana, trillera:

"A tu cara le llaman
Sierra Morena
y a tus ojos ladrones
que van por ella. "

Castellar ganadero


La trashumancia por la Cañada Real de Cuenca, nuestra sugestiva Vereda de los Serrano, trayendo las hablas y los acentos de Cuenca y de Teruel, para mezclarse con los nuestros, aquí en tierra ya fronteriza, donde Castilla acaba dejando su eses finales, junto a Andalucía que empieza a aspirar las haches de su jondura. Castellar tierra de paso, toda una transmisión de cultura popular y ganadera.
Por la Vereda nos llegaron familias repobladoras de este nuevo pueblo. De ellas, en gran parte, procedemos.
Ir de vereda, entre toros, mastines, churras y merinas; la Mesta a caballo, estampa hermosa. Hicieron medio día en el abrevadero del Charco de las Churras (de las ovejas churras, que son las parientes pobres de las ricas merinas de la lana fina castellana). Con el hato, tras pasar por la Dehesa, el Pozo del Cura, el Portachón, la Fuente del Cordero, el Hontanar, el Cortijo de Botiquilla, La Rambla, la Peña del Tesoro..., cansina acompañaba la muchacha, sencilla y limpia; (cosa rara, pues las mujeres no iban de vereda, sino que se quedaban en la casa aguardando el regreso del padre, del marido o del hijo, o de los tres a la vez). En su pueblo, en Serranía, le llamaban "Ovejera".
He aquí su romancillo por seguidillas manchegas:

"OVEJERA " su apodo,
guardando ovejas
ha perdido su nombre
por las veredas.

Y en las cuadrillas
olvidó el apellido
la pastorcilla.

De los barrancos
ha salido la estampa
de sus encantos.

"Ovejera " la llaman
a la zagala
los que nunca se acercan
a su ventana.

Y el que la nombra
por su nombre de pila,
su puerta ronda.

"Ovejera " nacida,
mujer apenas,
otro nombre tenías
como la seda.

Le pusieron María
-quiso la dueña-
y el oficio del campo
cuidando ovejas
la bautizó sin gracia,
como si fuera
un animal del monte
cosa cualquiera.

"Ovejera ",
María de los Dolores,
¿ cómo siendo tan poco,
tienes dos nombres ? .


Castellar carbonero

Otras de las ventajas que nos dio la ubicación del pueblo en la dehesa de la Mata de Mencaliz, lindando con los rabos y las agujetas de la Sierra del Maestre, fue el aprovechamiento de su vegetación en beneficio del carboneo.

Las matas y arbustos del monte bajo: lentiscos, jaras, chaparros y retamas, con las cañas y troncos del encinar y el robledal, solucionaron -duramente, es cierto- la vida de muchas familias. Carboneros y piconeros, los otros habitantes del carrascal y el monte.

El hombre serio del carbón caliente. Montar un horno de carbón exigía arte y ciencia, que no servía cualquiera para darle su punto.

Una noche de verano, tropezando y cayendo por el Barranco de las Víboras íbamos desorientados, cuando abordamos las orillas del río. A la luz de la luna de julio, columbré a una mujer casi adolescente, que se refrescaba los pies bajo la cascada de la Caldera. La describí igual que lo pensé:

Se lavaba los pies en el río
la carbonera.
Se creía una ninfa del monte
la carbonera.
El recuerdo de un hombre amargaba la boca de
la carbonera.
Se desnuda en las noches del campo
la carbonera.
Con agua de romero purifica su rota pureza
la carbonera.

Porque no sean tan negras las penas de su alma
la carbonera
a menudo abandona la Sierra.
La carbonera,
en sus carnes de luna va al pueblo
la Sierra Morena.
La carbonera,
hermosura de senos y brazos se marchita
por esos barrancos.

(Abuelo, aquél novio, hermanillos, enaguas, suspiros,
el río, la noche y los pies de
la carbonera).

 

Y este pueblo, con entusiasmo renovado, da rienda suelta a la alegría de las Fiestas:

4 de Septiembre. Hora del mediodía. Bajada del Santo Cristo. Con la iglesia a rebosar se cumple el rito del descendimiento de la Sagrada Imagen, la cual queda a ras del suelo más cerca de sus fieles, que lo son todos los habitantes, creyentes y menos creyentes. Es el preludio de las fiestas. En tal día, hace un montón de años, se me ocurrió mi

Romance del Cuatro de Septiembre

Doce en sol del mediodía
explosión de amor eterno,
el cielo brilla en su azul,
campanas repican cielo.

Sube una vieja la calle,
de su mano un rapazuelo,
y se pierden en la iglesia,
¿qué sucede hoy en el pueblo?

El gañán que la arreaba,
la yunta ha dejado presto.

Y la zagala que ama
y su novio el jornalero,
abandonan sus miradas
y en la Parroquia sintieron
bondad y misericordia
de nuestro Cristo moreno.

Donde la monotonía
dormitaba en triste dejo
ha brotado la alegría
de grandes, chicos y viejos.

¡ Cómo cantan las campanas ¡
¿ Qué sucede hoy en el pueblo ? .
--Que han bajado al Santo Cristo,
¿ no oyes el ruido y el fuego ? .
--Que El nos libre de lo malo
y nos acoja en su seno...

Doce en sol de mediodía,
septiembre dulce y sereno,
los racimos en sazón
y los olivos pidiendo
las bendiciones del agua
que les alivie el tempero,
y cien muchachas soñando
con pasodobles toreros.

¡Cuánto suspiro de madre
por los hijos que partieron
y que quizá nunca vuelvan
al patio de los recuerdos ¡

Los rastrojos, tierra y oro,
y en la besana muriendo
las esperanzas antiguas
de corazones labriegos.

Por los aires un romance
desde el Cambrón a los huertos,
de la Matilla a Rubiales,
pregonero a cuatro vientos :
"Pon el alma en la sonrisa,
¡ ya han bajado al Cristo, abuelo ¡".

Hombres que nacen y viven
al amparo del Dios bueno,
que juran y se arrepiente
entre los surcos de ensueño.

El cielo brilla en su azul,
campanas repican cielo,
por las mejillas del Cristo
lágrimas santas cayeron.

En Castellar de Santiago,
explosión de amor eterno.


13 de Septiembre. Día de Vísperas. Empezamos a vivir la Fiesta a fondo, al toque de las campanas del ángelus aldeano, entre tracas y cohetes explosionan las Fiestas Patronales.

La noche de las hogueras.- Al toque de ánimas, hogueras, cohetes salvas. Cada familia a la puerta de su casa en la noche mágica de la víspera del Cristo. Durante unos diez minutos de fuego sin mesura, de estampidos y disparos a discreción, va desfilando la película de la vida de cada uno, la trama de la historia de la familia en cada hogar .Castellar arde sin quemarse, "En cada hogar una hoguera". Este rito espectacular contiene el encanto del misterio de los siglos, de las presencias y de las ausencias. Se trata de la consagración profana de una celebración religiosa.

¿Para qué vamos a racionalizar el origen de tan genuina costumbre? .Quédese como está, con la libertad de interpretación de cada uno a su manera. De ahí su grandeza, su misterio y su poesía.

14 de Septiembre.- El día grande y el gran día de Castellar. La iglesia celebra la Exaltación de la Santa Cruz, nuestro pueblo el día del Santo Patrón, y además, conviene no olvidarlo, la conmemoración de su independencia, segregación o autonomía, de su entidad como Villa, fuera de la jurisdicción de la vecina Torre de Juan Abad. Me parece que son suficientes motivos para mantener, al igual que hicieron cuantos nos precedieron, la identidad y la festividad de la fecha del Catorce de Septiembre.

La diana callejera, por la banda música llenará de aromas de fiesta a la población. Siempre la diana nos trae una alegría mezclada con un no se qué de dulce nostalgia. Oír los compases del pasacalles en el día
grande de nuestra fiesta.

Misa solemne. A continuación la procesión majestuosa. Lenta, honda, plagada de vivas y de vítores al Cristo. Regada de lágrimas, acompañada de un nudo en la garganta. Locura de salvas y escopetazos, repicada de cohetes y campanas. Bajo el picor del soletón de finales del verano, el sudor tan propio de nuestra magna procesión.

El Cristo camina a hombros. Ondulando vaivenes a golpe de corazones, los hijos de Castellar, sin ningún tipo de discriminación o distinción social, política, económica o intelectual, se aprietan bajo las andas, acompañando a la bellísima imagen concebida por el genio de Giraldo de Merlo, hace ya trescientos ochenta y un años.

Pasa el Santo Cristo.

Se le ruega por la familia, por el campo, por la tierra, por uno mismo... ¿Quién es capaz de saber lo que cada cual le pide al Cristo, desde el secreto de la intimidad de un hombre, una mujer o un niño? .

Cuanto surge a su alrededor, significa una comunión de fe popular , capaz de hacer tocar la eternidad con la punta de los dedos. Las andas que portan a su Divina Majestad, más parecen tablas salvadoras en este valle de lágrimas, que pretexto para exhibición de figurones.

Un año más el Cristo va a recorrer las calles de cal y piedra, en su mayoría forjadas con el tapial de las tierras calizas y arcillosas de nuestro suelo matriz y agricultor. El Cristo verá más de cerca las calzadas que nos llevan a la viña, a las olivas, al pedazo de tierra calma, en tantos casos heredados del abuelo campesino, que en sus tiempos sintió lo mismo que nosotros.

La procesión del Cristo es un frenesí social y religioso que perdurará en el devenir de los tiempos, mientras en nuestros campos florezca la trama de un olivo, mientras el sol sonría a los racimos de una cepa, mientras que el ábrego bata las espigas y la lluvia inunde la paz de los barbechos. La mejor de las tradiciones de nuestro pueblo pervivirá mientras lata el corazón de un castellareño.

Pues bien, esta procesión, tan larga para tratarse de un pueblo, se nos hace corta, cuando al Señor, vuelta su mirada hacia el pueblo, tras la segunda traca, se le reintegre a su trono de la iglesia, con los compases
de la máxima distinción oficial civil de que disponemos: los acordes del Himno Nacional de España-

Por la tarde, el festejo ancestral de los toros, que nunca faltaron para el Cristo. Ha sido siempre así: antes con los encierros mañaneros y las capeas de vacas, y el consabido novillo de muerte, corrido en último lugar .

Yo recuerdo las capeas en esta misma plaza de carros y talanquera. Aquella vaca " Jabonera " del Retamero, que había conocido a más de cuatro quintas, sembraba el pánico en torerillos andantes, que cobraban el guante, después de percibir quince duros de la Junta y un cocido en la posada.

Más tarde en los corralones de los cercados. Hoy tenemos festejos de tronío. Castellar con picadores en el redondel de una plaza de toros, flamante y galana, estratégicamente situada en la carretera de la Aldea, quizás para recoger la inspiración artística del Sur, que nos llega desde el Despeñaperros, tan cercano.

En la plaza de toros, entre pasodobles y capotes de paseo, le daremos fin al verano con la media estocada del sol de la vendimia.

15 de Septiembre.- Día del Cristillo.

La despertá con traca y cohetes otra vez, nos pone en pie, Si no lo estamos ya. Cualquiera se queda en la cama el Día del Cristillo; porque hay que seguir el ritmo de las fiestas. Asistir a la Misa de los Ausentes, la Misa de los Emigrantes.

Familias enteras que residen lejos de su pueblo, por motivos de mera subsistencia o por tantos otros, ¿quién no tiene un emigrante o un ausente en su familia? .Viven -vivimos- fuera, mas el Cristo nos reúne.

Los emigrantes menos desarraigados son, dicho con todos los respetos para los demás, los que se deciden, con mucho esfuerzo, a venir para el Cristo. Gentes que lo suelen hacer una vez al año o cada cuatro años o ...para rememorar tiempos y repetir costumbres. Me parecen, fervientes y aguerridos, los más apegados a su tierra.

Muchos vamos siendo ya personajes de otro tiempo, que nos saludamos mentando nombre y apellidos, al igual que antaño en la escuela, como en las filas disciplinadas del Ejército.

Felices y siempre pesarosos por este breve encuentro en el camino de la vida, se hace un alto para el reencuentro con el pueblo.
La Misa de los Ausentes resulta más sentida aún que la esplendorosa del día grande. Una celebración recogida, íntima, ésta del día del Cristillo. Porque los de fuera se aproximan al Cristo para darle las gracias y decirle "hasta el año que viene".

" Dicen que no son tristes
las despedidas,
dile al que te lo ha dicho
que él se despida."


Lo mismo que si ayer se hubiese celebrado una boda, un bautizo o un entierro en la familia. Algo propio. Se aproximan al Cristo para tocar sus andas y enviarle un beso. Antes de salir a la calle, otra mirada ya en la distancia, y algún pequeño recuerdo que, en tierra más o menos extraña, nos retrotraiga mentalmente al solar de nuestras raíces.

Pero no hay que entristecerse ni arrugarse, que aún queda mucha fiesta por delante, todavía nos aguarda un buen trozo del programa de festejos.

Con el castillo de fuegos artificiales, fin de fiestas en la Plaza. El colofón de la pólvora y el fuego. Más cohetes, ¿y van? .Se oye el himno que al Cristo le inventó D. Narciso Perea, el cura de nuestra infancia. Estalla el trueno gordo del remate" .

Mas, ¿qué habrá sido del hombre ausente que me abordó en el campo?: estoy seguro de que me lo volveré a encontrar al resplandor del cohete más devoto, no es posible que falte a su palabra.

De pronto empieza a refrescar. El aire ya huele a otoño, nos entra el cansancio en el cuerpo y la añoranza en el alma. Hasta el año que viene, si Dios quiere, y que todos nos veamos.

Remato mi Pregón mirando a todos, mirando a Castellar, mirando al Cristo, al Ayuntamiento y a la Iglesia. Para todos, incluyendo forasteros y visitantes, mi

ROMANCE CASTELLAREÑO

En un lugar de la Mancha
donde Castilla es frontera,
en los Campos de Montiel
al pie de Sierra Morena;
donde el olivo se crece
y las arcillas sustentan
oleadas de pan trigo
y la vid, las tres cosechas;
tiene casa un Santo Cristo
en una iglesia de piedra,
-fortín de los corazones,
castillo de las creencias,
galeón de los fervores,
altar del cielo en la tierra-.
Allí la misericordia
de Dios, que a morir viniera
por liberar a los hombres,
dejándonos la promesa,
substanciada en Pan y Vino,
de la salvación eterna.
En las noches del invierno
y en tardes de primavera,
al amparo de sus brazos
el ánima se serena
y al instante se despoja

de las humanas miserias.
Es el Cristo nuestro orgullo,
es del amor nuestra ofrenda.
Es la ilusión de los niños,
felices en su inocencia.
Es la luz del Paraíso
y el perdón de las ofensas.
Es recuerdo de los nuestros,
ya en la paz de su presencia.
Clavado en la cruz, el Cristo
es nuestro mayor riqueza
Cristo de Misericordia,
que en El Castellar veneran.
¡ Viva el Santísimo Cristo de la Misericordia ¡
¡ Viva Castellar de Santiago ¡