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San Antonio Abad
(San Antón)
Por Pascual Gómez
La fiesta de S. Antón se celebra el día 17 de enero
y tiene como dos vertientes:
el s. Antón de los muchachos y la fiesta de los animales.
Ya el día 16 se formaba en el pueblo un gran alboroto porque los
muchachos se dedicaban a buscar cencerros y pretales de
cascabeles o de campanillas. No se iba a la escuela, se hacían
novillos.
Nos acostábamos temprano dejando bien preparada junto a la cama
las ropas de invierno: botas, abrigos, guantes, bufanda, etc.
Así como todos los cencerros que habíamos conseguido.
Sobre las dos de la mañana, en el silencio frío y cortante de
las calles, resonaban grandes cencerros llamando a la muchachada. Saltar de la cama, vestirse y lavarse
(?) y ponerse los cencerros y pretales era de una rapidez
pasmosa. Eran pocos los niños que se quedaban dormidos.
Pasando por las calles, los niños se iban sumando y en cada
esquina se hacía una parada, dábamos saltos para que sonaran
bien nuestros ruidosos cencerros y pretales y a voz en grito se
cantaban coplillas: .
"San Antón hizo gachas,
convidó a sus muchachas.
Y ya que las "vido" hartas
le pegó con el rabo
del cucharón.
San Antón. San Antón. San Antón.
Había coplillas de tonos más subidos que hacían las
delicias de cantantes y de oyentes.
Una vez que se había recorrido el pueblo nos íbamos a las
cuevas de María Juana, distantes unos dos krns.
Encendíamos una hoguera, sacábamos nuestro pan y chorizo,
cogíamos cada cosa en una mano y bocado va y bocado viene.
Cansados, con frío, con sueño, volvíamos al pueblo y en la
plaza hacíamos un gran corro. El Hermano Mayor del Santo pasaba,
acompañado de otros Hermanos, y nos daban caramelos; pero nos
ponían un sello en la frente para... "no repetir".
Volvíamos a casa, nos acostábamos, y al rozarnos con las frías
sábanas
pensábamos
gozosos en la gran cencerrada que le habíamos dado a San Antón.
El día del Santo, el 17, por la mañana temprano se empezaba el
trabajo de limpiar a los animales: caballos, mulas y borricos, y
los esquiladores (Segundico y Baladra) se dedicaban a hacer
cortes de pelo formando dibujos, estrellas preferentemente, sobre
las ancas del animal.
A las doce,
"solemne función religiosa". Se cantaba a dos voces la
misa de Perosi y el Párroco hacía el panegírico del Santo
tomando notas del viejo Santoral "Año Cristiano" que
la gente escuchaba devota y atentamente pero pensando más en
"su" San Antón festivo y protector que en el San
Antón asceta y eremita que presentaba el Cura.
Por la tarde, a las cinco, concentración de animales en los
arbolillos -explanada de la Iglesia- y aledaños. El clérigo
revestido de capa pluvial, con incensario e hisopo en mano,
bendecía tanto la cebada y avena para los animales como los
rosquillos y roscones para las personas. Uno a uno pasaba el
animal y el amo y el Sr. Cura le entregaba lo que correspondía a
ambos, ayudado naturalmente por Alfonsillo el del teléfono y los
Barrenas, Hermanos de la Junta del Santo. Concluida la entrega a
animales y personas, se organizaba la procesión que subía por
la calle del Sol y en el pozo de las cadenas tomaba la calle de
la Ermita para volver a la Iglesia.
En el balcón del Ayuntamiento se rifaban gallos, roscones y el
gorrino de San Antón, y se concedían los premios a los animales
mejor ataviados y esquilados.
Enseguida comenzaba la "galopá" que consistía en
subir despacio por la calle del Sol y correr a galope por la de
la Ermita. Por cierto, los vecinos de esta calle invitaban a sus
familiares y amistades a ponche, rosquillos y "el
puñao", una mezcla de candeal tostado, guijas, torraos,
etc. y mientras en esas calles todo era jolgorio y algarabía,
los que "estaban de luto" daban con sus animales sin
ataviar una vuelta ala Iglesia a través del estrechillo. Iban
los animales con la cabeza baja, a paso lento, porque ellos de
alguna manera compartían el dolor de sus amos que durante el
año habían perdido a un ser querido.